Lunes, 18 de agosto de 2008

Raúl Cornejo Coa.-

 

Siempre el retorno a la tierra natal es motivo de suma algarabía espiritual. Luego de aproximadamente dieciseis horas de viaje, el bus interprovincial que hace ruta directa desde la ciudad de Lima, se encuentra ya, en los albores del día, por la Variante de Uchumayo, que es prácticamente el lugar de entrada a la ciudad de Arequipa. En el interior del vehículo donde me encuentro, se escucha una canción que sirve de preámbulo a la llegada: “Quería verte inolvidable, tierra querida, Arequipa ciudad blanca de mi amor……..”

 

Avanzamos de subida por la carretera asfaltada y más adelante aparece imponente ante la vista, la hermosa ciudad de Arequipa. El aire se siente puro y refrescante, llenando los pulmones con este vital fluido, el cielo límpido y azul surge ante la vista que se deleita con el paisaje de su verde campiña, la cual contrasta con los elevados contornos de sus tres majestuosos guardianes: los volcanes Misti, Chachani y Pichu Pichu.

 

Algunos turistas no se resisten ante lo que se les presenta a la vista y empiezan a tomar fotos y filmar con sus cámaras digitales. Luego seguimos avanzando en el bus y cruzamos el Río Chili por un puente que riega la verde campiña arequipeña, de tierra fértil y generosa que produce papas, zanahorias, ajos, cebollas, lechugas, tomates, maíz, trigo, cebada, etc.

 

Luego de recorrer por algunas calles y avenidas el bus llega a uno de los terrapuertos que tiene la ciudad, que son amplios y bien distribuidos terminales terrestres que brindan servicios a varias empresas interprovinciales, algo similar a un aeropuerto, pero para buses de pasajeros que llegan o salen hacia Lima, Tacna, Puno, Cusco, etc. De este modo se mantiene el orden y control en los movimientos de estos vehículos de transporte.

 

Luego de bajar del bus me embarco en un automóvil de los muchos que hacen servicio de taxi en esta ciudad, cuyas tarifas a comparación de Lima y otras ciudades son menores y baratas. Durante el recorrido hacia el hogar materno, aprecio muchos cambios en las vías y en las construcciones, ya que se viene produciendo un auge inmobiliario en la ciudad, asimismo se aprecia un incremento significativo en el parque automotor y en su población.

 

Ya en casa de mi adorada mamá el encuentro es emotivo, lleno de abrazos y besos. Los ambientes de la casa, no obstante algunos cambios hechos en su construcción, aun parecieran seguir igual, al pasar por el tamiz de los recuerdos. El tiempo parece detenido y a pesar de los años transcurridos nuevamente afloran a mi mente escenas del pasado, es algo así como volver a ser niño y querer quedarse en esa etapa, son evocaciones que nos acompañan y permanecen en nosotros por siempre.

 

Luego vinieron los encuentros sucesivos con mis hermanos y hermanas, así como con los cuñados, sobrinos, etc. Después de algún tiempo pude saborear la variada y picante comida arequipeña, de platos típicos como la “ocopa”, la “zarza  de patitas”, el “soltero de queso”; el sabroso “llatan” (crema picante), los “chupes” que son sopas sustanciosas y los platos de fondo como el “rocoto relleno”, el “locro” (con papas y carne guisada), el “adobo” (espesado picante de carne de cerdo) que se acompaña con un “anisado najar” un “té pitiao” (té con anisado najar ) y “pan de tres puntas”.

 

Mas adelante siguieron las reuniones familiares donde también entonamos con guitarra en mano, los yaravíes de Melgar y las “pampeñas” o huaynos al estilo arequipeño, tal como lo hacíamos en antaño en las reuniones familiares con mi papá. Luego vinieron los paseos por los lugares que representan atractivos turísticos y la visita a las amistades, aunque muchos de ellos ya emigraron de la ciudad o están junto al divino hacedor.

 

Cada 15 de agosto Arequipa celebra un aniversario mas de fundación española, la cual se realizó en el año 1540. Espero que este nuevo aniversario nos sirva a los arequipeños, como motivación para seguir siendo los “embajadores” de nuestra ciudad, en todos los confines del planeta donde nos encontremos por diversos motivos y que, siempre nuestras virtudes reconocidas tales como: el amor a la tierra que nos vio nacer, el civismo incomparable, los profundos sentimientos cristianos, el romanticismo estoico, el alma apasionada, el culto por la libertad y la suprema rebeldía ante los desaciertos, perduren y sirvan como instrumentos generadores de un mundo mejor.

 

En realidad este viaje de regreso temporal, me sirvió a manera de recarga de energías y de identidad cultural y emocional, para continuar trabajando con mayor dedicación y enfrentar los riesgos y dificultades que siempre se presentarán en el camino de la vida. Mediante esta líneas, deseo a todos mis coterráneos, donde quiera que se encuentren, un  ¡FELIZ DIA DE AREQUIPA!.


Publicado por raulcornejo @ 12:54  | Turismo
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios