Jueves, 30 de octubre de 2008

Raúl Cornejo Coa      

 

Era uno de esos tantos dias en que me encontraba caminando por la acera del céntrico Jirón Próspero de la ciudad de Iquitos y estando cerca a la calle Brasíl, coincidimos en dicha vía con un amigo popularmente conocido como "El Tigre" quien venía en sentido contrario, el cual padece una discapacidad visual por tener limitada la visión a un diez por ciento aproximadamente y con la visión limitada a un solo ojo, pero que a pesar de ello, cuenta con peculiares características que lo diferencian de muchos otros a quien Dios les permitió conservar el don de la vista. En esos momentos el sol con toda su fuerza y resplandor coronaba la ciudad, dando lugar al incremento de la temperatura, propia del clima tropical de la selva baja.

 

Como en esos momentos hacía bastante calor y recordando además que se encontraba próximo el Día Nacional de la Persona con Discapacidad, que por Ley Nº 27050 fue declarado como tal para el 16 de octubre de cada año, me interesé por conocer algo más sobre su historia personal, ya que como es bien sabido, de cada persona aprendemos algo mas sobre la vida. Luego de los saludos respectivos le invite a servirse un helado de aguaje en la esquina del Jirón Prospero con Brasil donde se ubica un punto de venta donde fabrican dichos helados de manera artesanal. Es así que entablamos una amena charla, sentados en las sillas que el vendedor coloca para sus clientes y bajo la sombra de los arboles, ya que a pesar de conocerlo de muchos años hasta ese momento lo llamaba solo por su apelativo mas no por su nombre.

 

En su rostro se apreciaba que su ojo izquierdo presenta una marcada desviación y el ojo derecho tiene carnosidad y fondo blanquecino, lo que le dificulta significativamente la visión. Ahora tiene menos pelo y en ocasiones se lo hace cortar tipo alemán por el calor según dice, su rostro ya presenta algunas arrugas y la espalda una leve curvatura por el paso de los años. Es de baja estatura y de contextura algo gruesa, su vestimenta liviana y de colores claros, sayonaras de color negro y una gorra azul para protegerse del sol. Como complemento un enorme colmillo de felino colgado en su pecho, a manera de amuleto.
 

Durante la charla que sostuvimos supe recién, que se llama Félix Devaloy Zelada Torres, nació en la ciudad de Iquitos un 30 de abril de 1955 y fue parte de una familia de diez hermanos, siendo el mayor de todos ellos. A los tres meses de nacido perdió a su padre, quien era motorista de lancha y falleció ahogado en un accidente fluvial. Cuando tenía cinco años de edad lo llevaron a la ciudad de Lima para ser operado de meningitis, dejándole secuelas en la vista. Su madre falleció a causa de la caída de un rayo en circunstancias que caminaba por la calle y cerca de su casa de la calle Samanez Ocampo, en ese entonces él contaba con 14 años.

 

Mas adelante, siendo joven aprendió el oficio de zapatero ya que aún veía algo y cuando tuvo 28 años un primo suyo que era policía se hizo cargo del comedor de la Comandancia Policial de la Guardia Civil que se ubicaba en la primera cuadra de la calle Morona y lo invitó para que le ayude en la cocina, a cambio de una propina y alimentación, lo cual aceptó. Además le brindaron un cuarto pequeño en el local policial, donde dormía y que a la vez le servía como taller de zapatería, donde esporádicamente realizaba trabajos propios de dicho oficio.EN ese lugar trabajó y vivió durante un buen tiempo manteniendo una rutina diaria.

 

Es así que fueron pasando los años ayudando en la cocina y realizando diversas tareas de limpieza, mandados, lavando motos, etc. Mientras nos encontrábamos charlando y nos servíamos los helados, varios policías pasaban por la calle y le saludaban bromeando, lo cual muestra la confianza y simpatía que le tienen. También refiere que es un personaje muy conocido por las vendedoras del popular mercado de Belén ya que cuando iba de compras bromeaba socarronamente con la mayoría de ellas y esa alegría y gran sociabilidad es una característica en el que lo hizo muy conocido con los vecinos de la ciudad.

 

Me contó ademas que como su visión poco a poco continuaba deteriorándose con el paso del tiempo, años atrás fue operado gratuitamente de la vista por unos médicos norteamericanos. Le enderezaron un poco el ojo izquierdo que lo tenía desviado por un desgarre del músculo ocular y del ojo derecho le sacaron algo de carnosidad. Después de un tiempo de reposo, empezó a usar lentes oscuros, pero no hubo una mejoría significativa en su visión. Sin embargo con una resignación envidiable, siguió realizando sus actividades.

 

A pesar de sus limitaciones físicas y económicas hasta ahora muestra un optimismo envidiable. Dice que antes concurría a una iglesia evangélica y leía la Biblia, pero ahora ya no puede hacerlo puesto que ahora apenas distingue a las personas y solo puede leer algunas letras grandes, ya que se le agravó el problema de la vista y para restablecerse necesitaría un transplante de cornea. El cuarto donde antes vivía dentro de la instalación policial, fue demolido para dar paso a otras construcciones nuevas, por lo cual en las noches se aloja en casa de unos conocidos suyos, pero siempre en el día continúa ayudando en el local de la Policía, a donde diariamente llega caminando con dificultad por las calles, por su deficiente visión.

 

Ese es mi amigo “El Tigre”, que ya pasó la barrera de los cinuenta años de edad, de los cuales pasó los últimos 25 ayudando en la Policía. No tiene bienes, no tiene casa, no tiene sueldo, no tiene seguro, ni tampoco hijos porque no quería que sufran, según dice. Lo que si tiene es una filosofía de vida, plena de fe, optimismo, honestidad y solidaridad, virtudes propias de un verdadero ser humano, que a pesar de sufrir de discapacidad visual observa mejor con los ojos del alma.


Publicado por raulcornejo @ 14:08  | Reflexiones
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