Mi?rcoles, 24 de junio de 2009

 





Escribe: Raúl Cornejo Coa.---

 

El Inti Raymi, término quechua, que en español significa “Fiesta del Sol”, era una festividad religiosa que se celebraba en el Imperio Incaico, luego de recogerse la cosecha. Esta fiesta que se festejaba con gran alegría y fervor, fue considerada como la más grande y solemne de este gran imperio, también conocido como Tahuantinsuyo que estuvo enclavado en los andes del Perú.

 

El Sol (en quechua Inti) era considerado como el principal Dios del Imperio, a quien sus habitantes adoraban y rendían culto. El culto al Dios Inti se propagó del Cusco a todos los pueblos del Tahuantinsuyo. El Sol era considerado una divinidad benefactora, por los inmensos beneficios que proporcionaba en su condición de astro rey (luz, calor, alegría, etc.).

 

Según el cronista Felipe Guamán Poma de Ayala (1565-1644), el Inti Raymi, se celebraba en el séptimo mes del calendario inca. De igual modo el Inca Garcilaso de la Vega (1539-1616), relata en sus escritos detalles de esta celebración e indica que era la más importante de los cuatro festivales celebrados en el Cusco y tenía una duración de 15 días, en los cuales había, actos religiosos, bailes y sacrificios de animales.

 

Garcilaso de la Vega indica también en sus crónicas que esta fiesta se realizaba en la plaza Aucaypata (hoy Plaza de armas de Cusco) y a ella concurrían los habitantes de todas las clases sociales, vestidos con sus mejores trajes. Asimismo la celebración tenia una preparación previa de tres días, durante los cuales solo se servían un poco de maíz blanco, crudo y unas yerbas que llamaban “chumán” y agua natural. En dicho tiempo previo no se encendía fuego en toda la ciudad y los varones se abstenían de dormir con sus mujeres.

 

El día principal de la celebración, el Inca y sus parientes puestos en cuclillas y descalzos esperaban la salida del Sol en la plaza, al que recibían con los brazos abiertos en señal de respeto y veneración. Entonces el soberano, tomando un vaso de oro en cada mano, brindaba con chicha, con el de la mano izquierda bebían sus parientes y el de la derecha era vertido en un tinajón de oro.

 

Luego todos los celebrantes y el pueblo se dirigían al templo llamado Coricancha (Cerro de Oro) y adoraban al Sol. Este templo fue uno de los más preciosos de sus tiempos, sus paredes interiores estaban recubiertas de planchas de oro y adornadas de piedras preciosas y en su portada se hallaba una imagen radiante del Sol, hecha de oro.

 

Durante la celebración religiosa, los curacas venidos de diversos lugares  entregaban las ofrendas que habían traído de sus tierras y luego el cortejo volvía a la plaza, donde se realizaba el masivo sacrificio del ganado ante el fuego nuevo que se encendía utilizando como espejo el brazalete de oro del sacerdote principal. La carne de los animales era repartida entre todos los presentes, así como una gran cantidad de chicha, con la que los festejos continuaban durante los siguientes días, alternando con danzas.

 

Después de la llegada de los españoles al imperio incaico, en el año 1572,  el Virrey Francisco de Toledo (1515-1584) prohibió esta celebración por considerarla como una ceremonia pagana y contraria a la fe católica, ya que los incas adoraban al dios Sol. Sin embargo se siguió realizando de manera clandestina.

 

Esta celebración se revive cada 24 de junio en el Cusco, contándose con la asistencia de muchos turistas nacionales y especialmente extranjeros, quienes disfrutan durante la ceremonia de los cánticos, danzas y vistosos trajes del Inca, de la Coya, el séquito real y la nobleza, así como quedan maravillados de la magnificencia de la cultura inca, de la cual los peruanos  nos sentimos plenamente orgullosos.

 

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Escrito en la ciudad de Iquitos – Perú – América del Sur, el 22 de junio de 2009.

 

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Publicado por raulcornejo @ 16:19  | Reflexiones
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