Martes, 18 de mayo de 2010

Una de las virtudes irrefutables de Don Miguel Grau, el ilustre marino peruano, fue su sensibilidad y benignidad ante la desgracia de sus semejantes, aun hayan sido de las fuerzas contrarias, tal como sucedió un día miércoles 21 de mayo de 1879, durante el Combate de Iquique que enfrentó a las fuerzas navales de Perú y Chile, como parte de la infausta Guerra del Pacífico.

En esa fecha, en la bahía de Iquique se produjo, principalmente, un enfrentamiento entre la embarcación peruana denominada “Monitor Huáscar” comandada por el Capitán de Navío Don Miguel Grau Seminario y la corbeta chilena “Esmeralda” al mando del Capitán de Fragata Don Arturo Prat Chacón. La intervención de Grau permitió desbloquear el puerto de Iquique que había sido tomado anteriormente por las fuerzas chilenas que pretendían operar libremente en el litoral peruano.

Durante el fragor del combate un proyectil del “Monitor Huáscar” impactó en un costado de “La Esmeralda” generando un incendio que fue controlado por su tripulación, luego utilizando la punta de la proa de la nave peruana se colisionó a la nave chilena, causando muchas bajas. En estas circunstancias y en una reacción heroica el Capitán Arturo Prat, en medio del estruendo, pretendió abordar el “Huáscar”, saltando a la cubierta y siendo abatido en el intento.

Luego de tres impactos de parte del “Huáscar”, con la punta de la proa (espolón) la “Esmeralda” se inclinó y empezó a hundirse. Ante ello Miguel Grau dispuso el salvamento de los 57 náufragos chilenos, gesto noble y humanitario que se registró en los partes de batalla de ambos países y fue además publicado y destacado en ese entonces en el Diario El Comercio de Iquique y el Diario el Comercio de Lima.

Sin embargo, la magnanimidad de Miguel Grau no quedó ahí. Posteriormente en una acción que lo enaltece aún más, devolvió el uniforme, espada y otros objetos personales del Capitán chileno Arturo Prat Chacón, a su acongojada viuda Carmela Carvajal, junto a una célebre carta con la cual destaca la hidalguía de su rival en el combate naval y cuyo texto indica lo siguiente:

“Monitor Huáscar, Pisagua, Junio 2 de 1879.-- Dignísima señora: Un sagrado deber me autoriza a dirigirme a Ud. y siento profundamente que esta carta, por las luchas que va a rememorar, contribuya a aumentar el dolor que hoy justamente debe dominarla. -- En el combate naval del 21 próximo pasado que tuvo lugar en las aguas de Iquique, entre las naves peruanas y chilenas, su digno y valeroso esposo, el capitán de fragata don Arturo Prat, comandante de la “Esmeralda”, fue como usted no lo ignorará ya, victima de su temerario arrojo en defensa y gloria de la bandera de su patria. --- Deplorando sinceramente tan infausto acontecimiento y acompañándola en su duelo, cumplo con el penoso y triste deber de enviarle las para usted inestimables prendas que se encontraron en su poder, y que son las que figuran en la lista adjunta. Ellas le servirán indudablemente de algún consuelo en medio de su desgracia y por eso me he anticipado a remitírselas.--- Reiterándole mis sentimientos de condolencia, logro, señora, la oportunidad para ofrecerle mis servicios, consideraciones y respetos con que me suscribo de usted, señora, muy afectísimo seguro servidor.--- Miguel Grau.”

Como respuesta, la señora Carmela Carvajal escribió a Miguel Grau una carta agradeciendo su gesto, la cual tiene el siguiente tenor:

“Señor Don Miguel Grau.--- Distinguido señor: --Recibí su fina y estimada carta fechada a bordo del “Huáscar” en 2 de junio del corriente año. En ella, con la hidalguía del caballero antiguo, se digna usted acompañarme en mi dolor, deplorando sinceramente la muerte de mi esposo y tiene la generosidad de enviarme las queridas prendas que se encontraban sobre la persona de mi Arturo, prendas para mí de un valor inestimable por ser, o consagradas por su afecto, como los retratos, o consagradas por su martirio como la espada que lleva su adorado nombre.--- Al proferir la palabra martirio no crea usted señor, que sea mi intento inculpar al jefe del “Huáscar” la muerte de mi esposo. Por el contrario, tengo la conciencia de que el distinguido jefe que, arrostrando el furor de innobles pasiones sobreexcitadas por la guerra, tiene hoy el valor, cuando aún palpitan los recuerdos de Iquique, de asociarse a mi duelo y de poner muy alto el nombre y la conducta de mi esposo en esa jornada y que tiene aún el más raro valor de desprenderse de un valioso trofeo poniendo en mis manos una espada que ha cobrado un precio extraordinario por el hecho mismo de no haber sido jamás rendida; un jefe semejante, un corazón tan noble, se habría, estoy cierta, interpuesto, de haberla podido, entre el matador y su víctima, y habría ahorrado un sacrificio tan estéril para su patria como desastroso para mi corazón. --- A este propósito, no puedo menos de expresar a usted que es altamente consolador, en medio de las calamidades que origina la guerra, presenciar el grandioso despliegue de sentimientos magnánimos y luchas inmortales que hacen revivir en esta América las escenas y los hombres de la epopeya antigua. --- Profundamente reconocida por la caballerosidad de su procedimiento hacia mi persona y por las nobles palabras con que se digna honrar la memoria de mi esposo, me ofrezco muy respetuosamente de usted atenta y afma. S.S. --- Carmela Carvajal de Prat.”

Estos actos nobles de Miguel Grau, dieron lugar a que se le denomine “El Caballero de los Mares” y también desde inicios del siglo XXI se le reconoce como “El Peruano del Milenio”, por sus virtudes personales y grandes servicios a la nación peruana, siendo honrado no solo en el Perú sino también en Chile, donde inclusive hay calles que llevan su nombre. De igual modo en Bolivia es considerado como Héroe Naval.  Honor y gloria a tan insigne compatriota y que su ejemplo de caballerosidad nos sirva para unir aún mas a los pueblos hermanos de Perú y Chile.


Publicado por raulcornejo @ 16:07  | Historia
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